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01/12/2016 - 09:41 General

“La implantación del programa URECO (Unidad de Rehabilitación de Conducta), iniciada hace tres años, consiguió en su primer año de vida una reducción en la tasa de positivos a consumo de drogas del 80 por ciento aproximadamente y en el caso de ausencias injustificadas (fugas) de prácticamente el 90 por ciento”, ha señalado Juan Jesús Muñoz, coordinador de rehabilitación del área de Salud Mental del Centro, durante la IV jornada de investigación en rehabilitación psicosocial centrada en el trastorno mental grave (TMG) que ha tenido lugar en el Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos.

“Ha descendido significativamente el consumo de drogas y la impulsividad de las personas ingresadas así como se ha producido un incremento en su sociabilidad y su adherencia a los tratamientos“, ha añadido Luisa Ruíz, psicóloga clínica y responsable de URECO.

Esta unidad “consiste en un dispositivo creado para personas ingresadas en la Unidad de Cuidados Psiquiátricos Prolongados de Salud Mental que presentan alteraciones graves de conducta en el año previo al ingreso”, ha señalado Juan Jesús Muñoz. El objetivo fue “dotar al Centro San Juan de Dios de un dispositivo especializado en el abordaje de problemas de conducta graves que supusiera un entorno donde realizar e implementar estrategias terapéuticas específicas centradas en la modificación de conducta, regulación emocional, el autocontrol y la solución de problemas dentro de un contexto rehabilitador, facilitando intervenciones intensivas y/o de carácter más duradero”. Su creación “supone un intento de anticiparnos a la demanda de recursos que puede haber en el futuro ante este aparente incremento de trastornos de la personalidad y/o problemas graves de conducta”.

Durante su intervención, Luisa Ruiz ha destacado la importancia de que “los pacientes identifiquen patrones disfuncionales en sus relaciones interpersonales y tomen conciencia de sus estados internos y sus modos de regulación así como que incrementen sus habilidades de regulación afectiva, de las emociones, integración, etc.”.

En este sentido, los grupos tienen un importante papel en el programa URECO desarrollado en Ciempozuelos, ya que “abordamos problemas conductuales con terapias individuales y grupales” cumpliendo cuatro funciones fundamentales por cada miembro del equipo. Una, la contención verbal “para preservar su bienestar físico, ya que pierden el control con facilidad”. En segundo lugar, una función de apoyo debido a los problemas de autoestima y los déficits de autocuidado. Tampoco hay que olvidarse de la atención. “Aquí tenemos que apelar a la presencia y disponibilidad, pero regulando la distancia, ya que al paciente le asusta la dependencia”. Y, por último, la función estructural, “con un ambiente predecible, estable y repetitivo”.

Jornada dirigida a especialistas en salud mental

Esta jornada, dirigida a todos los profesionales que trabajan en salud mental, aunque más específicamente a los equipos multidisciplinares que tratan a las personas con enfermedad mental grave y duradera (psiquiatras, psicólogos clínicos, terapeutas ocupacionales, enfermeros, trabajadores sociales, auxiliares de enfermería y técnicos de integración social), tiene como objetivo, según ha señalado Isabel de la Hera, coordinadora de la jornada y subdirectora médico del centro, “la presentación de los resultados obtenidos en los programas que se desarrollan en los dispositivos de rehabilitación hospitalaria de nuestro Centro, tanto en la Unidad de Hospitalización, Tratamiento y Rehabilitación (UHTR) como en la Unidad de Cuidados Psiquiátricos Prolongados (UCPP)”. 

“También -ha recordado De la Hera-, queremos destacar el papel de estas unidades hospitalarias en el contexto de la reinserción  de las personas con TMG en el ámbito comunitario, favorecido por la coordinación de los profesionales con el resto de los dispositivos de la red de Salud Mental”.

“No debemos olvidar -ha añadido-, que este ámbito del tratamiento de personas que padecen enfermedad mental grave y persistente es especialmente crítico y de interés, y exige que se englobe, tanto el aspecto rehabilitador de las capacidades y desempeño del paciente, como el aspecto integrador que promueve la incorporación de la persona a su medio comunitario y sociofamiliar”. 

Aumento de los trastornos de personalidad

Según los datos del estudio realizado el año pasado, en 2015 la psicosis fue la indicación de ingreso principal: el 67 por ciento por esquizofrenia paranoide, el 4 por ciento por esquizofrenia residual, el 4 por ciento por trastorno delirante, el 4 por ciento por trastorno esquizoafectivo, el 4 por ciento por trastorno bipolar, el 4 por ciento por depresión recurrente y el 12 por ciento por trastornos de la personalidad.

Isabel Oñoro, psicóloga clínica del Centro en las Unidades de Hospitalización, Tratamiento y Rehabilitación (UHTR) ha alertado durante su intervención de que “en los últimos años se ha ido observando en las diferentes UHTR de la Comunidad de Madrid el aumento de ingreso de pacientes diagnosticados de trastornos de la personalidad, hasta el punto de que en la actualidad en nuestra unidad un 28 por ciento del total de los pacientes lo tienen como diagnóstico”. En su opinión, son un reflejo de lo que sucede en la población general, “en la que las alteraciones de personalidad y los problemas de conducta se han agravado en los últimos años”. Ahora bien, uno de los aspectos que puede tener que ver con que esas personas acaben ingresadas en nuestras unidades y no en recursos propios de la red de Trastornos de la Personalidad sería el carácter voluntario de dichos recursos, que dificultan el mantenimiento del paciente en sus programas de tratamiento y posibilitan la petición de altas voluntarias o incluso a pesar de la prescripción médica ni llegan a iniciar dichos programas.

En el Centro San Juan de Dios confluyen dos factores comunes en estos usuarios: “la condición de involuntariedad para poder dar continuidad a un tratamiento que este perfil de patologías psiquiátricas rechaza sistemáticamente; y que estos trastornos suelen presentar asociados trastornos de conducta variados y en muchos casos de alto riesgo (comportamientos heteroagresivos, conductas autolesivas, gestos autolíticos, adicciones…) que requieren de un medio con posibilidad de contención y supervisión”, aclara Oñoro. Por ello, Juan Jesús Muñoz considera que “nuestros dispositivos y nuestro trabajo han de ir encaminados a la finalidad de poder anticiparnos y ser proactivos a la hora de acometer los inevitables cambios en los perfiles de ingreso en el futuro”.